En este Blue Monday hablamos sobre la Depresión Infantil
Hoy es el tercer lunes de enero, el lunes conocido como Blue Monday por ser, supuestamente, "el día más triste del año". El término fue acuñado por un psicólogo en 2004 que concluyó que la gente estaría más deprimida este día como resultado de un conjunto de factores: el frío y el mal tiempo, el fin de las festividades y la vuelta a la rutina fueron solo algunos.
Pero, ¿y si este día se viviera todos los días? ¿Y si lo viviera alguien vulnerable y cercano a nosotros como nuestros hijos? La Depresión Infantil existe, aunque a menudo sea difícil de creer y comprender y menos frecuente que en los adultos. Puede aparecer incluso en la etapa preescolar, a los tres o cuatro años.

¿Qué es?
Al igual que en los adultos, la depresión infantil es un trastorno psicológico que va más allá de la tristeza temporal del niño y que puede resultar incapacitante a nivel emocional y social, con efectos personales y escolares.
El niño se vuelve más callado, más desinteresado y más voluble emocionalmente. La pérdida de ganas de jugar y de ver a los amigos, dolor de cabeza o de barriga e irritabilidad, pueden ser algunos ejemplos. Como forma de expresar sentimientos que aún no comprende del todo, como la tristeza y la ansiedad, llora, grita y patalea, lo que a veces los padres pueden confundir con un "berrinche".
Sin embargo, si estos síntomas en conjunto persisten durante más de 2 semanas, sin que sean causados por condiciones médicas, podría ser una señal de alerta.
Señales de alerta
Los síntomas de la enfermedad varían con la edad y a menudo pueden confundirse con trastornos como la Hiperactividad o el Déficit de Atención.
Los niños siempre dan señales de que no están bien mental y emocionalmente. Por eso es importante que los padres estén atentos a las señales, sobre todo cuando estas aparecen después de un acontecimiento traumático (separaciones, enfermedad o muerte de una figura de referencia, etc.).
1. Sueño irregular
El niño puede tener dificultades para conciliar el sueño o despertarse varias veces durante la noche. El descanso se ve perturbado, impidiéndole recargar energías adecuadamente. También puede ocurrir lo contrario: el niño duerme durante largos períodos, sintiendo sueño en momentos en que antes estaba activo.
2. Cambio en los hábitos alimenticios
Al igual que con el sueño, el niño puede comer en exceso o apenas comer. Si el niño se niega a terminar la comida con frecuencia, podría ser una señal de alerta.
3. Apego excesivo o miedo a separarse del padre o la madre
En las primeras semanas después de que el niño ingresa al preescolar o a la escuela primaria, es normal que no le guste estar lejos de sus padres. Sin embargo, si la ansiedad por separación aumenta y se vuelve diaria, es una señal de alerta del debilitado estado emocional del niño.
4. Quejas constantes, berrinches, irritabilidad o llanto
El niño se queja de dolores o incluso de algunas situaciones ocurridas en clases o con compañeros de escuela. También puede irritarse por la forma en que están organizados sus juguetes o por pequeñas tareas diarias, como cambiarse de ropa y cepillarse los dientes.

5. Fatiga
El niño pierde las ganas de jugar, se desinteresa y se queja de estar cansado con frecuencia. Explorar y jugar son las actividades favoritas de los más pequeños. La alerta reside en su inactividad.
6. Bajo rendimiento escolar
Falta de concentración en clase o falta de participación, bajada de notas escolares, peleas y falta de ganas de arreglarse para ir al colegio.
Otros síntomas, como la regresión de comportamientos (volver a chuparse el dedo o orinarse en la cama), sensación de vacío, culpa o inferioridad, o que el niño diga con frecuencia frases como "nadie me quiere", "no sé hacer nada" o "soy tonto" también son señales de alerta.
Cómo confirmar el diagnóstico
Muchas veces, llegar al diagnóstico no es fácil. En caso de sospecha por parte de los padres y familiares, es importante consultar a un psicólogo infantil o paidopsiquiatra para una evaluación detallada y, cuando esté indicado, iniciar el tratamiento apropiado. El profesional analizará el historial familiar, posibles eventos traumáticos, las emociones y comportamientos del niño para identificar patrones, y en algunos casos pueden ser necesarios exámenes complementarios de diagnóstico, como pruebas psicológicas.
Cómo se realiza el tratamiento
El tratamiento de la depresión infantil debe realizarse siempre con orientación médica y puede incluir:
Sesiones de psicoterapia, a través de la terapia cognitivo-conductual, que ayuda al niño a crear estrategias para afrontar mejor los problemas;
Terapia familiar;
Actividades físicas;
Cambios en los hábitos de vida;
Y en situaciones más graves, el recurso a medicación para el alivio de los síntomas.

¿Cómo podemos ayudar nosotros, los padres?
En primer lugar, promover un estilo de vida saludable y mantener una rutina estable y un ambiente tranquilo en casa, estableciendo horarios regulares para la alimentación, el sueño, el estudio y el ocio. En los momentos de ocio, fomentar los juegos al aire libre y la práctica de deporte o técnicas de relajación y meditación son una buena opción, ya que el ejercicio regular contribuye al bienestar emocional y físico.
Una comunicación abierta, donde el niño pueda hablar sobre sus sentimientos, también es de suma importancia. Preguntarle por su bienestar y cómo ha ido el día demuestra interés.
Por último, estar siempre presente, acogiendo, demostrando cariño, ofreciendo abrazos y elogios sinceros. Y, por supuesto, mucho amor.